El Secuestro de la Teología


Juan José Barreda Toscano

Tomado de La Red del Camino

A los estudiantes de teología les suelen preguntar “qué es la teología”. No nos sorprende la pregunta porque aceptamos que se trata de una materia ignorada para la mayoría del pueblo evangélico. Están quienes se animan a responder de forma “acabada” cual Manual de teología. Otros caen en el juego de la “academia”, y presentan una serie de opiniones que reflejan una buena memoria y, quien sabe, un poco de vanidad. Definir la teología siempre ha sido un problema y como tal refleja la complejidad de la existencia humana en su relación con Dios y su creación. Pero la teología no debe de ser ignorada por el hecho de ser compleja, aunque sí es necesario ser cautelosos al entrar en explicaciones.

Siempre me ha llamado la atención la razón de la pregunta “qué es la teología”. En realidad me doy cuenta que a menudo los que preguntan quieren saber: ¿a qué cosa rara te dedicás? ¿de qué o cómo vivís? Lejos están las divagaciones y la perorata filosófica para responder tales preguntas de forma satisfactoria. La gente no es tonta, sabe reconocer la evasiva en una respuesta complicada. Yo creo que la pregunta surge porque la gente advierte que sus vidas son afectadas significativamente por las enseñanzas del teólogo o teóloga. Detrás de esta pregunta subyacen otras preguntas más personales: ¿puedo confiar en vos? ¿estarás con nosotros cuando todas las propuestas que hacés sucedan? No siempre advertimos esto. Lo más llamativo es que no nos preguntamos por qué existen tanta ignorancia al respecto en un ambiente en el que, por el contrario, deberían de coexistir diversos puntos de vista. “Bienaventurados los que llegan a estas preguntas”. Lamentablemente están los enceguecidos que ni siquiera llegan a ellas.

Millones de cristianos en el mundo quizás ignoren lo que es la “teología”, ero de seguro no son ajenos a su significado-significante. Que no se haya sistematizado un pensamiento de determinada manera no significa que éste no exista o que no tenga vigencia. Sin embargo, por muchos años la teología ha sido secuestrada por los “sabios”, cuando no por los “poderosos”, a través de la creencia que ésta pertenece a un grupo de “académicos institucionalizados”. El quehacer teológico ha sido legitimado solamente cuando ha surgido de un grupo de teólogos (por lo general “hombres”) que respondieron a los parámetros de “denominaciones”, “organizaciones cristiana” o “instituciones educativas” que los emplean. Obviamente que no es así en todos los casos, pero sí lo es en una abismal mayoría en espacios conservadores. Muchos de los silencios o prohibiciones de abordar ciertos temas o de hacerlo bajo ciertas perspectivas, así como también, la domesticación de ciertas problemáticas a través de miradas pseudoprogresistas, son reflejo de la influencia e intereses de estos teólogos y teólogas institucionalizados.

Del mismo modo, la difusión y énfasis de ciertos temas no han sido sino la promoción marketinera de problemáticas que respondían a la razón de ser de las organizaciones a las que responden. Algunos han atribuido este hecho a que muchos de ellos y ellas viven en “burbujas” (aulas, bibliotecas, oficinas) sin percibir lo que la sociedad tiene como problema y búsqueda. En lo personal, sospecho que se debe a algo más perverso que, sin embargo, no es presentado como tal: guardar los intereses de las instituciones a las cuales se deben por ambiciones personales (sueldos, puestos altos, fama, concentración de poder, “amistades”, etc.). Estas ambiciones tan evidentes son, otra vez, justificadas por argumentaciones religiosas como “ser prudentes”, “dar buen testimonio”, “no ser conflictivos”. No es que exista el ser humano que no conforme alguna institución o que se vincule a ella, pero están aquellos que supeditan su vida y su reflexión teológica a los intereses de sus contratistas y sus intereses egoístas traicionando a Jesús. Claro está, nunca se llama a tal situación “traición”, pero quizás en algunos momentos de lucidez, el teólogo o teóloga sincero advierta que es esto lo que está haciendo.

Pero este secuestro de la teológica no ha sido sino una farsa muy difundida. Millones y millones de cristianos desarrollan un quehacer teológico sin pasar por las instancias académicas o los espacios que han querido monopolizar la teología. No estoy en contra de la formación académica en el campo de la teológica, sino que me refiero a aquella ideología que ha hecho pensar a muchos que la teología le pertenece exclusivamente al académico universitario, al punto de hacer pensar que el pensamiento, el conocimiento y la información que éste aporta son “la verdad”, “lo más alto” y “la realidad”. Ciertas expresiones usadas en el mundo evangélico son rezagos de este secuestro de la teología a partir del menosprecio de otros quehaceres teológicos: “reflexión seria”, “bajar la teología”, “contextualización”, “teología pastoral”, entro otros. ¿Cuándo la teología fue difícil? ¿cuándo perteneció a los de “arriba”? ¿cuál reflexión humana puede hacerse sin ningún contexto? ¿cuál teología no compete a la vida humana? El “secuestro de la teología” no consiste en que otros no hayan hecho teología, sino en haberles hecho creer que no lo hacían, o en llevarlos a pensar que su quehacer teológico no era significativo, fiel y profundo para Dios y su creación por el sencillo hecho de no pasar por las instituciones que otros avalaban, por la línea de pensamiento que dominaba o por las perspectivas y formas que articulaban cierta concepción de “verdad” y “fidelidad”.

¿Cuánta profundidad teológica puede ostentar aquel que por pura abstracción pro-pone un tema que nunca quiso transitar como un “hecho”? ¿Qué sentido tiene hacer una teología que no sea “pastoral”, que no parta de algún compromiso y acompañamiento hacia el bienestar del ser humano? ¿Qué teología hay que no competa a la vida humana en su vinculación con Dios y la creación? ¿Qué reflexión puede agotar la revelación divina a “toda la creación”? Entiéndase, no se trata de una tensión entre “académico” y “no académico”, tampoco entre “teóricos” y “prácticos”, o entre quienes tienen más experiencias que los otros. Se trata de desconocer el hecho que el quehacer teológico le es propio a todo ser humano que se relaciona con la divinidad. El secuestro es haber silenciado a partir del menosprecio las voces con otras formas, desde otros lugares y otras búsquedas del quehacer teológico. Es violentar a la sociedad con la imposición de ciertas perspectivas y metodologías teológicas que le fueron ajenos, cuando no dañinos, a las grandes mayorías de la población. El secuestro de la teología ha llegado a su máxima expresión cuando muchos seguidores de Jesús ignoran su quehacer teológico, cuando lo menosprecian, cuando han renunciado a la búsqueda de una reflexión y estilo de vida que refleje un rostro de Dios cercano y participante en sus historias; cuando admiran a aquel o aquella que se dedica a escupir pro-puestas que no transita, cuando llaman a eso “conocimiento” y “sabiduría”. ¡Qué lejos está todo esto de las credenciales que Pablo mostraba en cada pueblo al que llegaba!

María Filomena es una hermana de nuestra iglesia. No ha estudiado formalmente teología, pero nos aconseja de parte de Dios de tal manera que refleja su conocimiento de él. Su conocimiento no ha sido sistematizado de acorde a la “academia”, pero sí de acorde a las vicisitudes de la vida cotidiana. Su cuerpo en el abrazo hacen sentir al Dios de amor, en el living de su casa la Palabra de Dios vuele a café y saben a galletitas, en esos momentos Dios alcanza corazones desde la hospitalidad y el consejo de madre que muchos recibimos. El cansancio que observamos en su servicio hablan de la naturaleza divina y de la voluntad de Dios de amar a quienes más sufren. Sus palabras son “bíblicas”, cuenta historias de fe, nos recuerda aquellas otras presentes en las Escrituras que nos pueden servir como testimonio para nosotros hoy. El tono de su voz entona a la maestra de escuela que ha sido por más de 30 años, es una melodía que declara que se preocupa por vos. ¿No es esto un quehacer teológico? ¿No refleja una teología? Cuando alguien le pregunta por qué hace esto observamos su profundidad, una profundidad que tiene cuerpo y compromiso, una sabiduría que te anima a seguir creyendo.

Yo sé dónde encontrar a María Filomena. Yo sé que ella estará cuando las cosas sucedan. Yo sé cómo y de qué vive, y ha dispuesto su suerte como la mía. Hace pocos años rescató su quehacer teológico en una comunidad de fe que la ayudó a advertir lo que estaba sucediendo con ella. Con sus 64 años María probablemente pregunté qué es la teología, pero siento que su pregunta no partirá desde la ignorancia o el ocultamiento sino en el camino de búsqueda de comprender lo que viene sucediendo en su vida. Es así que en nuestras comunidades de fe las Marías, los Felipes, los Pedros, las Lucías, desarrollan un quehacer teológico y tienen una teología que responde al corazón de Dios. Seguramente algunos “teólogos” y “teólogas” harían bien en prestar más atención a sus voces, a dejarse pastorear también por ellos y ellas. Seguramente algunas conversiones al hablar de Dios a través de su multiforme revelación serían necesarias, sobre todo, para aquellos y aquellas que hemos pretendido acceder a las profundidades. Empecemos por recuperar lo perdido, por rescatar aquella práctica de nuestra fe cristiana: el quehacer teológico.

Seguramente la convivencia entre los diversos modos de hacer teología sucederá a partir de espacios de diálogo y convivencia en nuestras iglesia. Cuando, por ejemplo, acabemos con los “lugares altos” en nuestras iglesias, esos atrios que nos distancian del resto y nos ponen en lugares que ningún humano cuerdo quisiera sostener. Quizás cuando queramos disponer nuestros asientos en círculos para vernos y conocernos al hablar de Dios. Cuando los pobres dejen de ser objeto de servicio y conformen la organización y la filosofía de la iglesia. Cuando el discipulado deje la “educación cristiana”, cuando sea crítico a la institucionalización de la teología y fomente una constante creación de estilos de vidas y perspectivas leales a ese Jesús que sigue caminando…

Ya lo sé, esto suena a muchas “ideas”. Las ideas no son malas en sí mismas. En todo caso, ¡”vengan y vean”! Sin soberbia, estamos quienes vamos tras las huellas de Jesús…

Juan José Barreda Toscano
Iglesia Bautista de Constitución
RdC Argentina

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