Dos Pasos para Volvernos a Dios 1/4


Por Angel Monzón

Cuando se habla de volver a Dios se piensa en compromiso y santidad. Esto es cierto, pero hay que tener en cuenta que muchos creen que cuando se habla de santidad es como si se hablara de culpabilidad. La mayoría de predicadores lo enfatizan de esa manera. Primero te hablan de lo que Dios quiere que hagas, luego te hacen sentir culpable por lo que no estás haciendo y terminan el mensaje con un “llamamiento especial” a la santidad. Al día siguiente, tú estás en la escuela, colegio o universidad y el “llamamiento especial” se te ha olvidado y estás de vuelta en tus faltas.

Por ello, creo que si bien es cierto que hay que advertir a la juventud que se abstengan de hacer lo malo, creo que el mensaje está a la mitad si no se dice “cómo” puedes volver a tener una relación con Dios. Esto es más enérgico que hacer sentir culpable a la juventud el día del sermón.

Sin embargo, no hay que negar el estado espiritual de la mayoría de cristianos. Por el contrario, hay que reconocer la verdad, y es que muchos jóvenes y adultos no están llevando una buena vida cristiana. El problema es que cada vez más la juventud se está alejando de Jesús y sus enseñanzas.

Veamos un poco las estadísticas. En una encuesta divulgada por Howard Andruejol, en su conferencia “El Planeta de Los Jóvenes”, se reveló que en los últimos 3 meses el 66% de los encuestados había mentido, el 36% había hecho fraude en los exámenes, el 16% había visto pornografía, el 5% había intentado suicidarse y el 55% dijo estar confundido con la vida.

Lo escandaloso de lo anterior fue que al analizar quiénes eran los encuestados el 86% dijo: “Tengo una relación con Dios y he recibido a Jesucristo como mi Salvador”, el 82% dijo: “Asistí fielmente a la Iglesia cada semana durante los últimos 3 meses” y el 65% dijo:“He orado diariamente durante los últimos 3 meses”. Esto es revelador, ya que según esto los jóvenes que asisten a las iglesias evangélicas están tan desorientados como los que no asisten.

Por ello, es indiscutible que muchos de los que hoy asisten a la iglesia y dicen llamarse cristianos en realidad pueden llevar una falsa espiritualidad. Las estadísticas muestran que muchos, aunque están en la iglesia, viven una vida perturbada, por lo tanto, no buscan la santidad, no están comprometidos, no son sal y luz.

Ahora, la incertidumbre es ¿cómo los cristianos llegan a estos extremos de pecado irresuelto? Quizás la respuesta se halla al revisar cómo se forman los patrones de pensamiento en la conducta humana.

Ver la segunda parte de cuatro haciendo click aquí.

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